Opinión

Dios entra en nuestra oscuridad

por Monseñor Robert Barron 30-03-2026

La paz esté con ustedes, amigos.

Llegamos al Domingo de Ramos, también llamado Domingo de Pasión, uno de los grandes hitos del año litúrgico. Lo llamamos domingo de pasión porque cada año leemos íntegramente uno de los relatos de la pasión de los evangelios sinópticos, Mateo, Marcos y Lucas, mientras que el viernes santo siempre leemos el de Juan. 

Estamos en el ciclo A, por lo que este año leemos la versión de Mateo. Me gustaría subrayar qué tiene de distintivo este relato. Hay muchos elementos comunes, pero cada uno posee cualidades únicas.

Lo que más me llamó la atención es que Mateo, más que los otros pone el énfasis en Judas y más precisamente en el profundo arrepentimiento que sintió Judas por lo que había hecho. No lo villaniza por completo, sino que de alguna manera entra en el profundo remordimiento que sintió Judas.

Permítanme darles un ejemplo.

Entonces Judas, el que lo había entregado, viendo que Jesús había sido condenado a muerte, devolvió arrepentido las 30 monedas de plata a los sumos sacerdotes y a los ancianos, diciendo, "Pequé entregando la sangre de un inocente." Es algo extraordinario, ¿no creen? 

Pensamos en Judas como el peor pecador posible, el peor hombre de la historia por traicionar al Señor. Y eso no se niega. Aquí mismo se le llama el traidor, pero no hay en él ni un rastro de indiferencia, ni una pisca de autojustificación.

Eso es lo que hacemos la mayoría de nosotros los pecadores. Oh, no, yo no soy un pecador, tengo muchas excusas o no me importa, hice algo malo, acéptalo.

Bueno, en Judas no hay nada de eso, al contrario, parece una admisión de culpa bastante clara y honesta. Luego se nos dice que arrojó las monedas de plata en el templo, un gesto muy potente, pues devuelve la recompensa por traicionar al Señor.

Dice de modo simple y horrendo, se fue y se ahorcó.

Es un detalle terrible y conocido. Judas termina su vida mediante el suicidio. Parece el final desolador de una vida triste. Judas se quita la vida sumido en una desesperación total.

Todo esto combinado, el haber traicionado al Señor y luego matarse en su desesperación, ha convencido a la mayoría en la gran tradición de que Judas está en el infierno.

Si hay alguien en el infierno, ese sería Judas. Agustín lo pensaba. Tomás de Aquino también. Dante en su famosa descripción del abismo del infierno tiene a Satanás con tres caras porque es un simulacro extraño de la Trinidad y en cada una de las bocas, de las tres caras coloca a un pecador, Casio y Brutus, los dos que traicionaron a Julio César. y en la boca central coloca a Judas por haber traicionado al mismo Señor.

La tradición asume casi despreocupadamente que Judas está en el infierno. Por supuesto, sin negar que existe una opinión teológica muy sólida en la gran tradición, quiero llamar su atención hacia una perspectiva alternativa, aunque sea minoritaria.

Pueden encontrarla en una de las iglesias más bellas de Europa, la basílica de (Santa María Magdalena) en Vézelay, Francia. No es una iglesia gótica, sino del románico tardío. Parte de ella se desplaza al gótico, pero es una de las iglesias más finas del románico en Francia con una arquitectura impresionante. Búsquenla en internet, el interior de Vézelay es impresionante.

Bueno, en la nave de Vézelay hay una columna con unos capiteles tallados, unos relieves. Uno de ellos muestra la muerte de Judas y la muestra de una forma particularmente cruda. Está colgado con los ojos desorbitados y la lengua fuera y allí está colgado. Podríamos decir, ahí está Judas muriendo en la desesperación. Pero al girar la vista, el siguiente panel en la misma columna muestra a Jesús cargando sobre sus hombros, como si fuera la oveja perdida, la figura de Judas. Y Judas no está muerto, está vivo y sonríe mientras Jesús lo carga. Es una representación inusual, pero fascinante.

Les diré que alguien al que también le resultó fascinante fue al Papa Francisco. De hecho, lo cautivó tanto esta imagen que tenía una foto de ella en su oficina o en su departamento papal. Le impactó mucho.

Sí, Judas se quitó la vida, pero en el siguiente panel es posible que, de algún modo en arrepentimiento mismo de Judas, en la pena que sintió, en ese dolor punzante por haberle fallado a Jesús, el Señor encontrara lo suficiente para salvarlo.

Esa es la imagen. El pastor que sale a buscar a la oveja perdida y la trae de vuelta con ambos, Judas y Jesús, sonriendo en el proceso. ¿Es posible que incluso Judas se haya salvado?

Ahora bien, no me malinterpreten. No estoy defendiendo un universalismo fácil, ni el indiferentismo de todos se salvan, no se preocupen, el pecado no importa. En el fondo, Judas era un gran tipo. No estoy sosteniendo eso. El universalismo es la herejía de afirmar con certeza que todos se salvarán. Y no sabemos eso.

Dios es amor, sí, pero somos libres y podemos desde lo más profundo de nuestra libertad decir no al amor de Dios. Y ese no, esa resistencia absoluta llevada al extremo es lo que llamamos infierno.

¿Es esta una posibilidad palpable? No niego esa posibilidad en absoluto, pero podemos tal vez tener la esperanza que incluso Judas, dado el remordimiento que mostró y su clara conciencia de ser un pecador, su profundo arrepentimiento, haya dado al Señor lo suficiente para que lo cargara de vuelta al rebaño.

Permítanme decir un par de cosas en apoyo a esto. San Juan Pablo Segund comentó una vez que en la iglesia no existe algo parecido a la canonización negativa. Cuando canonizamos a alguien, declaramos que está en el cielo. La iglesia sostiene definitivamente que esa persona está en el cielo. Pero no existe una contracanonización para decir que alguien está definitivamente en el infierno.

¿Qué hay con Judas? Ni siquiera de Judas se ha dicho nunca de forma doctrinal que esté condenado. El gran Benedicto XVI reconociendo plenamente la culpa de Judas y lo terrible de su acto, reconociendo plenamente este acto desesperado, hacia el final de su vida dijo que no nos corresponde, sin embargo, a nosotros juzgar eso, sino que debemos dejar el destino de Judas a la misericordia y la justicia de Dios.

Ustedes dirán, "Entiendo, pero si alguien se suicida, ¿no está en un estado de desesperación total renunciando a Dios y por tanto claramente en pecado mortal sin posibilidad de perdón? Así que estás en el infierno."

Bueno, escuchen lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica en el párrafo 2283: No se debe desesperar de la salvación eterna de aquellas personas que se han dado muerte. Dios puede haberles facilitado por caminos que él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. La iglesia ora por las personas que han atentado contra su vida.

Me parece que es muy claro. No se puede afirmar tajantemente que alguien está en el infierno por haberlo hecho, porque Dios puede haberles facilitado por caminos que él solo conoce la ocasión de un arrepentimiento salvador. 

Lo que quiero que vean en este gran día de domingo de pasión no es tanto el destino de Judas, el que me interesa aquí, sino la radicalidad de la misericordia de Dios. Eso es lo que intenta transmitir el capitel de Vézelay, que, aunque podamos oponernos a Dios y decir no y caer en los peores pecados, hay algo implacable en la búsqueda que Dios hace del pecador. Él es el buen pastor que nos persigue y ante la más mínima oportunidad es capaz de traernos de vuelta al camino de la gracia.

Insisto con San Pablo, donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia.

¿Qué significa la cruz? En el domingo de pasión seguimos a Jesús hasta lo más profundo del sufrimiento físico. Sí. Hasta lo más profundo del sufrimiento psicológico. Sí. Y me atrevo a decir hasta lo más profundo del sufrimiento espiritual. Jesús nunca se vuelve un pecador en la cruz. Él es el Salvador. Pero el Jesús que dice, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" Se ha movido, si pudiera decirlo de este modo, al estado psicológico y espiritual de alguien que ha perdido el contacto con Dios.

¿Lo ha hecho?, de hecho, no. El Padre permite que el Hijo experimente esa oscuridad.

Todos los que me siguen saben que adoro a la florecita. Al final de su vida, estas reflexiones se publicaron inmediatamente: Estando en su lecho de muerte, sintió la verdadera oscuridad de la incredulidad. ¿Se volvió una incrédula?, no. Pero lo sintió. entró en ese espacio. Allí es donde entra Cristo. Ese es el lugar donde entran los santos. ¿Para qué? Para encontrar a aquellos que se han alejado tanto como es posible.

Termino con una historia breve para cerrar. La saqué del padre Denis Magmanus, que dio un gran retiro a nuestros sacerdotes. Había un matrimonio francés del siglo XIX. Ella era muy religiosa, él no tanto. Por amor a ella él permitió que pusiera una imagen del Sagrado Corazón sobre la cama. Con el tiempo él sufrió una depresión profunda. Tuvo una serie de fracasos en su vida, quiebra de su negocio y en un acto de desesperación se lanzó desde un edificio para suicidarse. Su esposa estaba devastada, por supuesto, culpándose, pensando que él estaba en el infierno y podría haberlo detenido. En su angustia fue a Ars, este pequeño pueblo donde Juan Vianey era el cura. El sacerdote, famoso como confesor y director espiritual, mientras esperaba en esta cola, larga cola llorando ante el altar, de repente Vianey salió del confesionario, la llamó por su nombre, esa soy yo, y se acercó y le dijo, "¿Cómo me conoce? ¿Cómo sabe mi nombre?" y le dijo, "No te preocupes por eso. Quiero que sepas algo, que el Señor me ha dicho, que mientras tu esposo caía del edificio, recordó la imagen del sagrado corazón que pusiste sobre la cama. En ese instante, el Señor le ofreció la salvación y él la aceptó".

¡Qué belleza! Aquello le dio una gran paz en el corazón. ¿Puede Dios en su providencia encontrar el camino para llegar incluso a los que están más lejos? El mismo Dante, que puso a Judas en el abismo, dijo que una sola lágrima de arrepentimiento basta para despertar la misericordia de Dios.

¿Está Judas definitivamente perdido? La Iglesia nunca lo ha dicho. Que tengamos la esperanza debido a la extravagancia de la misericordia de Cristo, que incluso quienes más se han alejado puedan encontrar esperanza. Y que Dios los bendiga.