Evangelización

Cardenal argentino sobre el culto a San La Muerte: "la fe no puede mezclarse con prácticas esotéricas"

La erección de una gran estatua a San La Muerte en Santiago del Estero (Argentina) origina una polémica social. El arzobispo del lugar reacciona aclarando la postura católica ante estos temas, que caen bajo la categoría de "superstición" y "prácticas mágicas".
por Portaluz 02-07-2026

El pasado mes de mayo, algunos medios de comunicación de Argentina se hicieron eco de una controversia en torno a uno de los denominados "santos paganos" -figuras que, por supuesto, no tienen nada que ver con los santos verdaderos de la Iglesia católica- más populares en el norte el país: San La Muerte. El foco estaba puesto en la construcción de una estatua de 13 metros de altura en su honor. El 16 de junio el tema volvió a la prensa, pero esta vez por la muerte repentina del promotor de la iniciativa.

Un oscuro lugar de culto y "sanación"

Daniel Quintero, que se daba a conocer como "sanador" y devoto de San La Muerte, planeaba la erección de la imagen en un emplazamiento bien visible, sobre la Ruta 1 de Santiago del Estero. El lugar elegido lleva el nombre de "Santuario de Sanación y Liberación para los Hijos de Dios", puesto por el propio Quintero, que aseguraba a Diario Uno en mayo, en plena discusión popular: "soy devoto del Gauchito Gil [otro 'santo pagano'] y de San La muerte", debido a que hace casi cuatro décadas "el santo curó a mi sobrino". 

Con el reclamo de su propio "camino de espiritualidad y de devoción", el autoproclamado sanador se desmarcaba de los cultos afroamericanos, subrayando que "en este lugar no se matan animales, no se trabaja con sangre", pero añadiendo unas palabras que dejaban claro un planteamiento fuertemente sincretista: "El que es fiel del Gauchito, viene y le prende una vela. El que es fiel de San La Muerte, viene y le prende la vela. El que es fiel de la Virgen de la Medalla Milagrosa, de la Virgen del Valle, de San Expedito o de Mama Antula, viene y le prende una vela". Concluyendo así: "cada uno con su fe". Puro relativismo para atraer a personas devotas y contribuir a la confusión.

Una polémica inevitable

Finalmente, la estatua fue levantada en el espacio previsto, generando preocupación y hasta miedo en algunos sectores sociales. Construida en cemento, supone una estampa macabra a plena luz del día, con la típica representación alegórica de la muerte: un esqueleto de pie, revestido con una túnica abierta en el pecho para ver sus vértebras y un gran ojo en el torso, con la guadaña en la mano derecha y sosteniendo una esfera en la izquierda. A esto se une que por la noche se le iluminan los ojos de color rojo, aumentando su carácter atemorizador. 

Se ha llegado a solicitar a las autoridades su retirada, sin que por el momento haya sucedido nada. Lo cierto es que la muerte repentina de su promotor, Daniel Quintero, ha dejado en una situación más indeterminada a la estatua. Antes del fallecimiento, la abogada Romina Martínez Hunko reclamó la eliminación de la figura, alegando que "afecta derechos colectivos", pues se trata de "una estructura de 13 metros que toda la comunidad va a ver", tal como leemos en Todo Jujuy. Para la jurista, la construcción supone "un uso abusivo" de la libertad de culto, pues sería una especie de imposición de San La Muerte "a toda la comunidad".

De la mirada académica a la religiosa

En un interesante reportaje, El Liberal publicó las declaraciones de algunos expertos en torno a la controversia, que resultan muy paradigmáticas de cómo se afrontan estas cuestiones desde el punto de vista intelectual, a veces sin un mínimo sentido crítico. La antropóloga Pilar Velázquez afirma que "no representa un peligro porque se trata de una veneración pública que realizan sus devotos", aludiendo a posibles promesas u ofrendas de tipo espiritual. Por ello, reclama que "cuando hablamos de religión es importante despojarnos de ciertos prejuicios", equiparando el culto a San La Muerte con cualquier otro tipo de religión o devoción, llamando al respeto y deslizando que "muchas veces estas prácticas son señaladas o juzgadas sin comprender el trasfondo cultural y social que tienen".

El otro académico consultado por el diario argentino, el sociólogo Leonardo Innamorato, constata que "vivimos una fuerte dispersión en el fenómeno religioso", lo que hace que "muchas personas, frente a problemas económicos, emocionales o sociales, buscan respuestas rápidas en distintas figuras, ídolos o creencias". Si las confesiones religiosas tradicionales no satisfacen esa búsqueda de "respuestas inmediatas", hay gente que opta por "otra alternativa", con figuras a las que "se les atribuye poder espiritual o material". El culto a San La Muerte "refleja un alejamiento de los dogmas tradicionales del catolicismo".

En un tono claramente distinto contesta a El Liberal un pastor evangélico a quien no se identifica, pero que es claro y tajante al decir que la estatua "se levanta contra Dios y sus principios". No sólo eso: en un reconocimiento implícito de la labor evangelizadora de la Iglesia católica, añade que "nuestra provincia fue fundada bajo la religiosidad cristiana y todavía estamos a tiempo de hacer algo importante desde la fe para que esto no siga avanzando". Y que los pastores evangélicos solicitarían ante las administraciones la demolición de la construcción.

Palabras claras del arzobispo: rechazo total

Sin embargo, quien ha sido más claro y explícito al valorar -y, obviamente, rechazar- la estatua a San La Muerte ha sido el arzobispo de Santiago del Estero, el cardenal Vicente Bokalic. En un sorprendente comunicado -por lo extraordinario de ver a un jerarca católico argentino pronunciándose sobre una cuestión así-, publicado el 8 de mayo, en cuanto se desató la polémica, se refiere a "una situación que se ha hecho pública", sin añadir ningún calificativo inicialmente.

El prelado define sucinta y objetivamente dicha situación: se trata de "un espacio privado donde se presentan y veneran imágenes y expresiones religiosas y pseudoreligiosas diversas". Y concreta aún más: "en este lugar aparecen conjuntamente imágenes propias de la fe católica y de la piedad popular de nuestro pueblo -como advocaciones de la Santísima Virgen María y de los santos- junto a otras expresiones ajenas a la fe cristiana, figuras vinculadas a creencias supersticiosas, prácticas mágicas o elementos pertenecientes a otras religiones y cultos como por ejemplo San La Muerte".

Sin más rodeos, monseñor Bokalic recuerda que "la auténtica fe católica no puede mezclarse con prácticas esotéricas, supersticiosas o sincretismos religiosos que terminan confundiendo la verdadera devoción cristiana", añadiendo que "la fe en Jesucristo, único Señor y Salvador, vencedor del Mal y de la Muerte, nos llama a vivir una relación confiada con Dios, y no a buscar seguridades en elementos mágicos o creencias contrarias al Evangelio". Como vemos, no se limita a hablar de incompatibilidad o incongruencia doctrinal: señala que es algo contrario a la fe.

Alerta frente a la confusión y la superstición

La carta del arzobispo previene frente al sincretismo y la confusión cuando afirma, a continuación, que "la religiosidad popular, tan profundamente arraigada en nuestra tierra santiagueña, es un tesoro espiritual cuando conduce verdaderamente a Cristo, a la oración, a la conversión, a los sacramentos, a la caridad y a la vida comunitaria de la Iglesia". Sin embargo, esta piedad del pueblo "pierde su sentido cuando se mezcla con prácticas que deforman la fe y alimentan la superstición".

De los principios teóricos pasa a los prácticos, invitando, como pastor, a los fieles católicos "a distinguir con prudencia para no dejarse confundir por manifestaciones llamativas o expresiones que aparentan religiosidad, pero que en realidad se apartan del corazón del Evangelio y de la sana doctrina de la Iglesia". Además, exhorta "a no temer 'daños, maldiciones o amenazas de males' y abstenerse de participar en cualquier culto o rito relacionados a San La Muerte", nombrando por segunda vez, de forma explícita, el falso ídolo que protagoniza la polémica.

Y, como último consejo, Vicente Bokalic propone el antídoto con el que afrontar el desafío y prevenir la confusión. Las pistas que señala son las siguientes: "profundizar en la formación cristiana, en la lectura de la Palabra de Dios, en la participación en la vida sacramental, y en la práctica de la caridad, para crecer en una fe madura, auténtica, que lleva al encuentro con Jesús y con los hermanos". 

La apología del sanador: "son todas mentiras"

Las palabras de Daniel Quintero recogidas por los medios como respuesta al arzobispo santiagueño muestran dos cosas claras: que entendió el comunicado episcopal como una crítica más, sin entrar en el fondo de la desautorización radical... y que monseñor Bokalic tiene toda la razón, a tenor de las declaraciones recogidas por el portal Info del Estero. Según leemos, el sanador afirmó: "yo no vivo del santo, yo no lucro con el santo. Esa es una parte religiosa mía. Primero está Dios, Jesús y el Espíritu Santo". Efectivamente: sincretismo o mezcla de creencias, que confirma al decir: "yo soy católico, no mato animales ni hago esas cosas". Y añade, sobre su "santuario", que "ahí la gente va a rezar, a prender velas y buscar fe", como si fuera una iglesia más.

Preguntado concretamente por el comunicado del arzobispo de Santiago del Estero, Quintero respondió: "respeto lo que diga la Iglesia, pero el que hace milagros es Dios". Una contestación elegante y aparentemente respetuosa, pero que esconde un rechazo a la mediación de la Iglesia y una afirmación del carácter sobrenatural de San La Muerte. Coincide con declaraciones anteriores que había hecho, como las que recogió Todo Noticias: "soy católico y creo en los milagros del santo pagano. No me meto con ninguna religión". Palabras para confundir y atraer a los católicos, al proponer de forma engañosa una compatibilidad entre uno y otro culto.

Una reflexión pastoral para la posteridad

Lo cierto es que el comunicado de Vicente Bokalic ha supuesto un hito en el magisterio pastoral de los obispos argentinos. Sin tratarse objetivamente de un gran documento de nivel autoritativo -decreto, carta pastoral, etc.-, es una muestra ejemplar de cuidado del pueblo de Dios frente al peligro del sincretismo y de la superstición, tan común en todos los lugares, no sólo en determinadas regiones.

Hasta este momento, apenas ha habido pronunciamientos públicos de este calado por parte de la jerarquía eclesiástica del país. El único precedente importante lo podemos encontrar justo hace medio siglo, cuando la Conferencia Episcopal Argentina publicó una Declaración sobre el culto a los santos y de las almas del purgatorio (1976). Aunque no mencionaba a San La Muerte, y sí a otra figura venerada de forma popular -en concreto, la llamada Difunta Correa-, lo dicho para ella vale igualmente para la tétrica figura de la muerte personalizada.

Los obispos argentinos hablaban entonces de "un culto ilegítimo... con no pocas derivaciones supersticiosas", recordando que "a los católicos sólo es lícito honrar con culto público a aquellos que la autoridad de la Iglesia ha inscripto en el elenco de los santos y beatos" y que "por consiguiente, el culto a la llamada Difunta Correa no está dentro de estas condiciones y es ilegítimo y reprobable". De ahí la conclusión, que no es otra que pedir "a los verdaderos católicos que se abstengan de practicar dicho culto".

En esa línea se sitúa el reciente pronunciamiento de monseñor Bokalic, que, sin citarlo, responde perfectamente a lo que enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, que en sus nn. 2110-2117 aborda la problemática de la idolatría y la superstición, definiendo esta última como "la desviación del sentimiento religioso y de las prácticas que impone" (n. 2111). Además, en lo que respecta al culto a San La Muerte y su "sanación", es interesante lo que también recuerda el Catecismo: "Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo -aunque sea para procurar la salud-, son gravemente contrarias a la virtud de la religión".