Batalla contra el Mal

Misión de la Divina Misericordia: el grupo sedevacantista de EE.UU. cuyo superior ha sido excomulgado

Basados en mensajes que -sin la debida autoridad- califican de sobrenaturales, denuncian que Papa Francisco y Papa León XIV serían "usurpadores". En cambio, ellos -John Mary Foster y sus seguidores-, se autoproclaman los auténticos católicos fieles del fin de los tiempos (SIC).
Portaluz. Luis Santamaría del Río 21-08-2026
John Mary Foster, el excomulgado

El pasado 14 de agosto, el arzobispo de San Antonio (Texas, EE.UU.), Gustavo García-Siller, hizo pública una notificación relativa al padre John Mary Foster y su Misión de la Divina Misericordia (Mission of Divine Mercy). En concreto, declara la excomunión latae sententiae -es decir, automática, sin necesidad de declaración formal- del sacerdote y su dimisión del estado clerical; por tanto, ya no puede celebrar los sacramentos ni ejercer jurisdicción alguna. ¿La razón? Según explica monseñor García-Siller, Foster "ha sido declarado culpable de cisma, un delito contra la fe, por su negativa a someterse al Romano Pontífice".

Los detalles de un proceso

El comunicado episcopal explica punto por punto un asunto tan complejo y doloroso: un tribunal eclesiástico inició el proceso judicial en abril de 2025 con la autorización de la Santa Sede, llegando a dictar sentencia el pasado 20 de abril con veredicto de culpabilidad. Como recuerda el obispo, "ser católico significa estar en comunión con el Papa —obispo de Roma y sucesor de San Pedro— y con el colegio de los obispos". Y, como demuestra la historia, el cisma o ruptura siempre origina "comunidades fragmentadas que dejan de estar en comunión con la Iglesia Católica".

Foster —al que la notificación se refiere ya como "señor", sin ningún apelativo sacerdotal— "ha optado por rechazar el Magisterio de la Iglesia Católica Romana mediante sus palabras y acciones", algo que destaca en el hecho de que "se ha referido públicamente al Papa Francisco y al Papa León XIV como 'usurpadores'". Invitado a reconsiderar su postura y arrepentirse, "el Sr. Foster ha elegido el camino de la desobediencia". El arzobispo de San Antonio afirma que, tras haberle prohibido celebrar misa en público, el líder de la Misión de la Divina Misericordia lo ha seguido haciendo. Con un detalle importante: en la plegaria eucarística omite el nombre del Papa, de modo que "manifiesta públicamente su separación de la Iglesia y del sucesor de San Pedro" en el momento más importante de la vida cristiana.

Gustavo García-Siller invita a los fieles a "custodiar su corazón y su mente frente a quienes buscan apartarlos de la Iglesia", y declara con firmeza que participar en las celebraciones y actividades del excomulgado y de su Misión "constituye un acto formal de desobediencia", prohibiendo a los católicos de su diócesis asistir a las mismas y apoyarlas de cualquier modo, ya que el mero apoyo económico "le brindaría [a Foster] la oportunidad de seguir socavando la misión de la Iglesia". Por último, el arzobispo invita a los lectores de su comunicado a unirse a él en oración por Foster, para que se reconcilie con la Iglesia (no olvidemos que las penas canónicas que se le han impuesto no buscan el castigo, sino la sanación).

Una "Misión" polémica desde su inicio

¿De dónde viene todo esto? Los antecedentes más cercanos en el tiempo tenemos que buscarlos hace dos años, en pleno pontificado de Francisco. El 15 de marzo de 2024, monseñor García-Siller publicó un mensaje y firmó tres decretos en torno a la llamada Mission of Divine Mercy, fundada por Foster y establecida en su diócesis desde su aprobación en el año 2010. El arzobispo se refería a la preocupación suscitada por "la publicación de las recientes y supuestas profecías" por parte de esta comunidad. Un grupo que -como es cada vez más habitual-, a pesar de no ser más que una asociación privada de fieles aprobada por el ordinario diocesano, se presentaba ya entonces como "comunidad católica contemplativa" y destacaba por el uso de un hábito.

Por lo que se ve, el arzobispo conocía con anterioridad un rasgo muy peculiar de este grupo: la recepción, desde hace años, de unas supuestas revelaciones particulares. Eso hizo que la única condición que les pusiera tras tomar posesión de la diócesis, "para prevenir malentendidos y escándalos, fue abstenerse de publicar cualquier mensaje profético hasta que fueran revisados para asegurar que no fueran dañinos para el pueblo de Dios". Las aguas se mantuvieron tranquilas desde 2009 hasta 2024, cuando la Misión de la Divina Misericordia rompió su silencio y, con ello, desatendió la indicación episcopal. 

En palabras de Gustavo García-Siller en aquel momento, "el padre Foster declara públicamente su desobediencia a la autoridad de la Iglesia y alienta a otros a hacer lo mismo", ya que el líder de la comunidad afirma de forma directa que sus superiores "están cometiendo activamente y ordenando un mal grave", por lo que moralmente "no hay obligación de obedecerlos". El líder de la comunidad se refería tanto al arzobispo -que "tiene un buen corazón, pero sigue con entusiasmo a Bergoglio, de quien creemos que está tratando de subvertir a la Iglesia"- como al propio Papa -considerado un "usurpador"-. 

Por ello, los decretos episcopales fueron tajantes: en lo grupal, retirada de la aprobación eclesiástica de la Misión y de sus estatutos, supresión como asociación privada de fieles y cese de su personalidad jurídica, y distribución de sus bienes según el Derecho Canónico. Y, en lo relativo al fundador, remoción de su puesto directivo en la asociación, cese como vicario parroquial, retirada de las facultades de predicar y confesar, prohibición de ejercer públicamente el ministerio sacerdotal y mandato de un retiro espiritual de seis meses. 

Desobediencia... "por voluntad de Dios"

 

Lo que llevó a estas medidas tan duras -y que han desembocado, dos años después, en la excomunión- comenzó el pasado mes de febrero de 2024, cuando la Misión de la Divina Misericordia divulgó, tanto en inglés como en español, el primero de una serie de vídeos en los que habla Foster, vestido con hábito y delante de una imagen de Nuestra Señora de Guadalupe. Titulado "Una introducción y una llamada a todos los hijos de Dios", le sirvió para presentarse como el portavoz de "un pequeño movimiento católico con sede en Texas" y, más en concreto, para difundir unas palabras "de nuestro Señor y de nuestra Santísima Madre" que "fueron dadas recientemente en un mensaje a nuestra comunidad, pero dadas para todos los hijos de Dios". 

Tras años de supuestas revelaciones privadas -cuya difusión fue prohibida provisionalmente por el obispo, como hemos visto-, Foster aseguraba en su primer mensaje audiovisual: "creemos que Dios nos pide ahora que hablemos públicamente, que compartamos sus palabras para despertar a los que están dormidos y llevar consuelo a sus hijos, porque nuestra Iglesia y nuestro mundo atraviesan una crisis sin precedentes". Estaba convencido de que ésta era la realidad, "porque creemos que Dios mismo nos lo ha estado diciendo en mensajes proféticos que me fueron compartidos por primera vez hace 30 años cuando yo era un joven sacerdote que servía en México, y luego hace 7 años cuando Dios comenzó a hablar a algunos miembros de nuestra propia comunidad como continuación de los mensajes anteriores".

Continuaba señalando que "desde entonces hemos estado recibiendo mensajes poderosos, amorosos, importantes, de Dios Padre, de Jesús, del Espíritu Santo y de nuestra Madre Santísima". Foster insistía en que se trata de revelaciones llenas de esperanza, y dice que "por obediencia durante todos estos años no hemos publicado estos mensajes, pero ahora creemos que el Señor mismo nos está diciendo que ya es la hora, que sus palabras deben ser compartidas por el bien de sus hijos y de su Iglesia". Lo habitual: aferrarse a una supuesta voluntad de Dios frente a lo ordenado por los pastores de la Iglesia.

La estrategia de confundir a los fieles

En una hábil estrategia de vincularse a las apariciones de la Virgen María a San Juan Diego en México en 1531 -advocación mundialmente conocida como Guadalupe-, la Misión de la Divina Misericordia ha denominado Tepeyac al paraje natural donde tiene su sede (el nombre del cerro donde se apareció Nuestra Señora en el siglo XVI), y teocali al pequeño santuario allí levantado (el término náhuatl que significa "templo", y que es el que ella misma habría usado para indicarle al indígena mexicano lo que tenía que construir. Entonces, en ese "Nuevo Tepeyac", según el líder del movimiento, "nos fue dada una serie de mensajes en la primavera de 2017".

Convencido firmemente del origen sobrenatural de los mensajes, John Mary Foster explicaba "qué pasa con el papel de la jerarquía en el discernimiento de estos asuntos", ya que "deberíamos poder confiar en el discernimiento de los pastores de la Iglesia". Sin embargo, añadía, "éstos no son tiempos normales", pues "la terrible crisis de fe y la corrupción en la Iglesia han hecho que muchos pastores no pueden o no quieren reconocer al Espíritu Santo cuando habla hoy". 

Y decía cómo, a pesar de no ser teólogo ni biblista ni canonista, "doy de buena gana y de todo corazón mi testimonio personal de la autenticidad de estos mensajes". El discernimiento propio de la jerarquía aparece, de esta forma, trasvasado a su propia persona, en un subjetivismo que lo somete todo a su percepción particular y, en definitiva, al argumento de autoridad, que por voluntad divina detentaría él mismo. Y, hecha esta explicación (una larga introducción de 20 minutos), el líder de la Misión presentaba lo importante: "un mensaje que una hermana de nuestra comunidad acaba de recibir el 8 de febrero".

Un mensaje oscuro y tremendista

La primera en hablar, según Foster, era la Virgen María, que avisaría de que "la batalla se cierne y estáis dormidos", por lo que ella pretendería "despertaros como una buena madre" para que sus hijos "no perezcan sin luchar". La Madre de Dios se lamentaría, en este mensaje, de "cuán pocos me habéis escuchado, cuán pocos me habéis entendido y os habéis puesto a mi disposición para poder formar mi ejército luminoso". Una y otra vez aparece el concepto de "reconquista", y el tono de urgencia ante lo que vendrá, ya que insiste en "la oscuridad de la confusión que ahora reina en la Iglesia y en el mundo". ¿La clave? "Mi Iglesia está sin pastor que apaciente a mis ovejas". Sin nombrarlo, está apuntando al pontífice: Francisco en aquel momento.

El ataque contra la jerarquía de la Iglesia es continuo en estas supuestas revelaciones privadas: "aquellos que se han vestido con piel de cordero y de mansedumbre falsa, pero que son lobos rapaces que están devorando a mis hijos sin piedad", dice María. En otro mensaje, Dios Padre dice que los sacerdotes "se han convertido en un estorbo para mí", pues son pastores que "se han dormido y os han abandonado", y por ello se ha visto obligado a alzar su voz, llamándolos "ladrones robando a mis hijos... adentrándose más y más en la oscuridad". Escalando en el tono, a los obispos les increpa: "os habéis hecho peores que los demonios".

Si esto es lo que la comunidad sectaria de Foster ponía en boca de Dios para referirse a curas y obispos, no es de extrañar lo utilizado contra el obispo de Roma: "habéis permitido que el usurpador se siente en la silla de mi Pedro, aquel que está efectuando la gran traición que dejará desolada a mi Iglesia". Unos días después, el Padre Eterno les habría dicho que la Iglesia se ha convertido en "algo monstruoso y deforme". 

Ellos serían los "católicos verdaderos" en medio de la confusión

El lenguaje de los supuestos mensajes sobrenaturales es totalmente apocalíptico. Es común la referencia a que estamos viviendo los últimos tiempos, con multiplicación de expresiones como "la Gran Batalla", "los tiempos han llegado", "pronto yo actuaré"... Empleando el mismo lenguaje bélico que aparece en las revelaciones de procedencia celeste, John Mary Foster explica que su grupo se siente llamado a unirse a otros "para comenzar a reunir el ejército de Dios" en estos tiempos difíciles. En el primer mensaje publicado tras los decretos del arzobispo de San Antonio en marzo de 2024, el Señor aseguraría: "os he dicho que reúno ahora a mi ejército, que la hora en que mi voz se alzará cual trueno ha llegado, que la trompeta que os llama a que toméis vuestros lugares en mi ejército está sonando". 

Unos días después, la Misión publicó una declaración como respuesta a las sanciones canónicas, manifestando que "debido a la crisis sin precedentes en la Iglesia", el fundador continuaría celebrando la misa y predicando en el lugar. Además, afirmó que seguirían "compartiendo los mensajes que creemos que el Señor nos está dando para sus hijos". Y la argumentación jurídica era ciertamente curiosa: "lo que se dice que es 'ilícito' en momentos ordinarios, en momentos extraordinarios de grave crisis en la Iglesia no sólo puede ser un acto 'lícito', sino bueno y santo. Éste creemos sinceramente que es nuestro caso".

De Francisco a León

Por tanto, sus integrantes aseguraban que, al no hacer caso al arzobispo de San Antonio, estarían cumpliendo la voluntad de Dios. En realidad, dicen estar plenamente convencidos de defender con esta actitud a la Iglesia y al papado, ya que "la usurpación de Bergoglio es tan dolorosa". Algo que ha continuado, después, con León XIV, al que tampoco reconocen -explicando que el cónclave que lo eligió no fue válido, pues gran parte de los cardenales no lo serían realmente por haber sido creados por Francisco-, insistiendo en su postura cismática y sectaria

La reciente decisión de la excomunión era algo ya esperado, y la obstinación los aleja cada vez más de la Iglesia. No han apelado la decisión, porque al no reconocer al pontífice actual no consideran que haya una autoridad (humana) ante la que apelar. De hecho, perseveran en buscar una excusa sobrenatural, y en su respuesta a las últimas medidas de monseñor García-Siller, al mencionar a León XIV, dicen: "de quien el Señor ha dicho que es un usurpador que trabaja para socavar Su Iglesia". Y añaden simplemente: "parecería incoherente apelar en busca de justicia ante un usurpador".

Está plenamente justificado que el arzobispo de San Antonio haya advertido a los católicos. Porque lo más grave es que Foster y sus adeptos se empeñan en asegurar que sus enseñanzas no son propias, sino "mensajes confiados a nuestra Misión" por parte de Dios, y cuya revelación resumen en estos tres puntos: "la jerarquía está infiltrada y profundamente corrompida; se está distorsionando la fe; y, lo más polémico, que Jorge Bergoglio (Francisco) y Robert Prevost (León) son usurpadores o falsos papas". Una cosa es la pertenencia crítica a la Iglesia y la libertad de conciencia; y otra muy distinta, el engaño y la manipulación para imponer las propias ideas a los demás, apartándose de la comunión de la Iglesia, de la fe cristiana y del sentido común.