Cuentan de San Agustín que paseaba un día por la playa intentando comprender el misterio de la Santísima Trinidad, cuando se encontró con un niño que corría una y otra vez con una bolsa desde la orilla hasta un agujero en la arena.

 

-¿Qué haces? -le dijo.

-Voy a meter aquí todo el agua del mar -contestó el pequeño.

-¿No ves que no es posible? -sonreiría, comprensivo, el santo de Hipona.

-Es más posible que yo lo consiga que tú puedas entender aquello en lo que meditas -sonreiría, compasivo pero también un poco sarcástico, quien no era evidentemente un rapaz de los alrededores.

 

Para "provocar"

 

Un desafío semejante le planteó Magdala a un sacerdote. Pretendía, lo confiesa ella misma, "provocarle". La joven -cuyo testimonio, extraído del video anterior, lo publicó en español Religión en Libertad- pertenecía a una familia musulmana, pero su vida dio "un vuelco" cuando en 2017 su madre anunció que quería bautizarse católica: "Eso lo veía venir", afirma, "porque la veía leer los Evangelios, pero lo que no vi venir es que también mis otros tres hermanos quisieran bautizarse".

 

Todos comenzaron entonces el catecumenado: "Pero sin mí. Yo no quería encontrar a Jesús, aunque reconozco que verlos transformados por su fe me hacía cuestionarme las cosas. El detonante fue el día en que el sacerdote de la parroquia donde iban a bautizarse vino a cenar a casa".

 

En cuanto tuvo oportunidad, lo primero que le dijo, para provocarle, es que no entendía la Santísima Trinidad. “Yo tampoco. Es un misterio”, respondió el cura, quien le explicó sucintamente lo que la fe y la razón teológica dicen al respecto.

 

El abandono en manos de Dios

 

 

Aquella palabra, "misterio", desarmó a Magdala, quien acababa de comenzar a "descubrir y redescubrir" el amor de ese Dios uno y trino: "El Señor verdaderamente pasó por esa palabra para hacerme entrar en el abandono. Me dije: 'Vale, no comprendo, pero ¿por qué no?' Y ese pequeño '¿Por qué no?' fue suficiente para el Señor. Poco a poco, día a día, a partir de ese '¿Por qué no?', entró en mi corazón de una forma reservada e imperceptible. Un día me levanté y me dije: 'No puedo seguir resistiendo'. ¡Jesús es irresistible!"

 

Desde ese momento Magdala empezó "lo más difícil, construir una relación con el Señor". Y era lo más difícil porque implicaba ir a misa... y a ella la misa le aburría soberanamente. Se la pasaba durmiendo y bostezando, algo tan "llamativo" que su madre llegó a plantearle al sacerdote si podría eximirla de ese deber.

Sin embargo, ella había entrado en una dinámica de abandono en manos de Dios, y se dijo que parte de ese abandono era ir a misa, así que lo aceptó como otro ofrecimiento de confianza en Él.

 

Dudas

 

Y luego estaba la Presencia Real, otra dificultad. Magdala no creía en ella. Cuando, aún catecúmena, hizo la primera Adoración, pensaba que aquello "era un timo", aunque no quiso comentar su pensamiento para no molestar a nadie. La pasó, una vez más, durmiendo.

 

"Pero algo estaba actuando en mí, y dije: 'Señor, voy a tomar la decisión de creer. No lo comprendo, pero voy a creer que Tú estás ahí'. En aquella época tenía problemas porque había comenzado a leer los Evangelios, pero no me decían nada. Así que decidí creer: 'Voy a venir a verte todos los días para que tú me expliques todo lo que no comprendo de los Evangelios'".

 

¿Qué sucedió? "Él me explicó todo lo que no comprendía de los Evangelios", ríe.

 

Hubo de repetir pronto esa confianza. Fue cuando le explicaron lo que era una novena al Sagrado Corazón, y aunque tampoco lo comprendía, también la hizo. "El Señor me dio la gracia de la confianza. Por eso cuento todos estos detalles", aclara, "para mostrar que yo aceptaba creer antes de comprender: estábamos entre mayo y junio de 2018 y todos estos actos prepararon mi corazón a un día concreto en mi vida de fe, el 18 de julio de 2018".

 

El encuentro

 

 

Ese día Magdala fue a la iglesia a rezar. Sentía una gran angustia, pero en un espíritu de "abandono y confianza" lo "vomitó" todo ante Dios: "Su respuesta fue visitarme. Él me dio la gracia de hacerme sentir hasta qué punto Él estaba profundamente feliz de venir a verme. Yo pensé: esto es el Amor..."

 

Terminó así su recorrido como catecúmena y se bautizó junto con toda su familia, habiendo construido una "inquebrantable" relación con el Señor: "Nadie podrá convencerme de que Jesús no me ama".

 

Pero en diciembre de 2020 sufrió "un gran fracaso" en su vida que la "destruyó" por completo, porque ella había confiado ese asunto al Señor: "Lo hice con confianza y sin embargo fracasé. Así que le dije: 'Señor, te entregué ese asunto con confianza y he fracasado. Eso quiere decir que me has traicionado. Pero el amor no es eso, el amor no es la traición'. Así que empecé a darle vueltas en mi cerebro a la idea de que Dios no me amaba. Hice lo que no hay que hacer: rechacé a Dios. Y vivía en un profundo sufrimiento, fue un infierno horrible, mi propio cuerpo sufría".

 

Se enfrentaba a un gran dilema: "No podía creer que Él me amase... pero no podía vivir sin Él".

 

El sacramento y la evidencia

 

Para salir de ese callejón sin salida, Magdala pidió ayuda a su madrina, quien le aconsejó confesarse. Un paso difícil de dar, le pareció una broma: "Me sentía traicionada... ¿e iba a ir a pedir perdón?"

 

Pero una vez más, la joven escogió confiar, y confesó al sacerdote haber rechazado al Señor. Fue absuelta, pero sentía que en su interior había algo que no estaba aún reparado.

 

Poco tiempo después había "grupo de misericordia", que incluye una "oración de los hermanos". Magdala volvió a dirigirse a Dios: "De acuerdo, Señor, iré. Te confiaré esta situación, pero, te lo pido por favor: por encima de todo, no me digas que soy valiosa a tus ojos y que me amas. Necesito escuchar otras cosas, no esas banalidades", ríe de nuevo.

 

En el grupo, fue enigmática y pidió oración a todos por una situación que no comprendía. "La primera persona que rezó por mí dijo: 'Recibo que eres valiosa a los ojos del Señor y que te ama'. Alcé los ojos al cielo para pedir por favor otra cosa. La segunda persona dijo: 'Dios te ama'. Yo insistí en pedir otra cosa. Y la tercera persona dijo: 'Dios insiste en que te ama realmente'".

 

"Entonces me rendí a la evidencia", concluye Magdala: "Dios me ama. Aunque yo le rechace, Dios me ama. El fracaso que yo había experimentado me sirvió para entender que, en cualquier circunstancia, Dios me ama. Que, aunque yo no comprenda, Dios me ama. Eso es el Amor".

 

 

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