Hace pocos días terminaba de leer una biografía que tenía pendiente desde hace tiempo, una dedicada al P. Jerónimo Gracián: "Jerónimo Gracián de la Madre de Dios. En la escuela de Santa Teresa y de la vida". Es uno de esos libros que recibes con alegría, más aún al ser regalo del propio autor, el P. Ildefonso Moriones, y que dices "ya lo leeré". Pasa el tiempo y parece que no llega el día de comenzar la lectura. A veces tienen que suceder acontecimientos totalmente inesperados para decir ya ha llegado la hora.
Y así ha sido en este caso particular. Al llegar a Valladolid en el mes de marzo, mes de mi querido San José, empiezo a retomar la devoción que tenía al P. Gracián, ese singular carmelita descalzo que es el primer provincial del Carmelo Descalzo y que tanto quiere Santa Teresa de Jesús. Es un maestro espiritual en toda regla. Basta asomarse a sus obras publicadas para confirmar que la oración es el centro de su vida. Hablamos de un carmelita descalzo de pies a cabeza. Si alguno todavía lo duda que lea con calma y mucha atención el capítulo 23 del libro de las "Fundaciones" de Santa Teresa de Jesús donde la Madre Teresa habla con el corazón en la mano sobre este fraile descalzo. Y vamos a lo que decía, que el venir a Valladolid reaviva mi trato en oración con el P. Gracián. Nace en esta ciudad el 6 de junio de 1545. Muy cerca del convento donde vivo se encuentra la iglesia de Santiago, lugar de bautismo del P. Gracián. Aquí viene la conexión directa con mi querido P. Gracián: lugar de nacimiento a la vida de este mundo y a la vida de la gracia. Visito la iglesia de Santiago y rezo ante la pila bautismal donde recibe la gracia de ser hijo de Dios por el bautismo.
¡Cuántos vallisoletanos se habrán bautizado en esa misma pila sin saber que antes también ha recibido el agua del bautismo uno de los pilares del Carmelo Descalzo! Es un gozo pasar por Santiago y en el silencio de la oración acogerme a la intercesión del P. Gracián. Además sin buscarlo para nada llegan puntos de unión con él de muy diversas maneras. Algo he hablado en otro artículo cuando en julio predico la novena de la Virgen del Carmen en Alcalá donde Gracián vive algunos momentos clave de su existencia: "Colegial, teólogo y provincial en Alcalá".
Pues a lo que vamos. Una vez leída la biografía del P. Gracián y acercarse el aniversario de su muerte en Bruselas (21-9-1614) busco más biografías para leer sobre él y seguir conociéndolo más a fondo. Contamos con la de Carlos Ros, "El hombre de Teresa de Jesús. Jerónimo Gracián" y la de Vicente Martínez Blat "El Maestro Gracián. Su singular, azarosa y fascinante vida". Ojeo las dos y al ver el final de ésta última me quedo maravillado y dando muchas gracias. El sello final de dicha biografía es un soneto dedicado a Gracián por un beato mártir carmelita descalzo, el P. Pedro Tomás de la Virgen del Pilar. Lo leo, lo rezo y me lleno de una paz, alegría y agradecimiento desbordante por todo lo que se puede decir en tan pocas palabras. No me resisto a copiarlo y compartirlo en público para mostrar su calidad sublime. Además es pura providencia que un beato escriba sobre un hermano suyo de hábito y no cualquiera, mostrando de modo directo que el P. Gracián está llamado a ser reconocido beato y santo; y que bien se merece un proceso canónico que un día nos lleve a poder invocarlo de modo público como al autor del soneto.
Esto es lo que pasa cuando uno abre su corazón a los santos, cuando entra en intimidad con ellos leyendo sus vidas y escritos. Unos te llevan a otros y al final todos te llevan a lo mismo, al amor de Dios que es el centro de la existencia de todo hijo de Dios que está llamado a ser santo. Dejemos que el Beato Pedro Tomás nos hable de quién es para él el P. Jerónimo Gracián de la Madre de Dios:
"Siempre en tu vida grande, apareciste
siempre santo, buscaste con anhelo
las cruces, que es la senda para el cielo
y hacerte santo, con la cruz supiste.
Padecer y sufrir siempre quisiste
y así sufrir lograste sin consuelo;
mas de todas las penas de este suelo,
para escalar el cielo te serviste.
Tu corazón de espinas coronaron
y fue de todos grande la sorpresa
viendo que amabas a los que te odiaron.
Mas si hasta odiarte llegan en su empresa
no importa te aborrezcan; pues te amaron
siempre Dios y la inmortal Teresa".
Aquí tenemos estos versos que nos ayudan a acercarnos al P. Gracián en el aniversario de su muerte. Tampoco es casualidad que el Beato Pedro Tomás los escriba en el tercer centenario de su muerte y poco después del siguiente centenario de la muerte tenga la dicha de venir a la ciudad donde ve la luz este insigne carmelita descalzo. Todo pasa por algo. Todo está preparado por Aquel que tanto nos ama y nos hace ver que nuestros caminos no son sus caminos. Es lo que vivo en primera persona cuando vengo por caminos que no pensaba que eran para mí, pero que Dios me muestra a las claras que sí, que algo me tenía preparado al venir a Valladolid.
