Fan de Taylor Swift que amaba a Dios con todo su corazón, murió con fama de santidad a los 18 años

Fan de Taylor Swift que amaba a Dios con todo su corazón, murió con fama de santidad a los 18 años

Maria Middleton falleció de cáncer cerebral en 2020 a los 18 años. Seis años después, la Iglesia de Filadelfia considera iniciar su proceso de canonización.

por Portaluz

16 Octubre de 2026

Cuando María Middleton tenía 5 años, se encerró en su habitación unos días antes del Día de la Madre para hacerle una tarjeta a su mamá.

Susan Middleton estaba encantada. María ya era una niña elocuente y precoz, y Susan esperaba con impaciencia el sincero mensaje que su hija tendría preparado.

La tarjeta estaba decorada con flores. En la portada, María había escrito: «Feliz Día de la Madre». En el interior, se leía: «Para la segunda mejor madre del mundo».

Susan ríe al recordar esa historia en una entrevista con el National Catholic Register, ya que la tarjeta también reflejaba algo que había intentado inculcarle a María desde muy pequeña: que, aunque tenía una madre terrenal que «comete errores», también tenía una madre perfecta en el cielo.

Seis años después de la muerte de María a causa de un tumor cerebral a la edad de 18 años, cientos de personas se reunieron el 5 de octubre en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de Czestochowa, en Doylestown (Pensilvania), mientras el arzobispo Nelson Pérez, de Filadelfia, celebraba una misa con motivo del aniversario de su fallecimiento.

Era a este santuario donde Susan llevaba a María cada semana a la adoración eucarística, desde que tenía 3 años. Allí, María aprendió el rosario de la Divina Misericordia y el rosario tradicional, y desarrolló un profundo amor por la Santísima Virgen, a quien fue consagrada en su bautismo.

En la misa de aniversario, el arzobispo Pérez recordó su primer encuentro con María durante la pandemia de COVID-19, cuando ella le escribió tras la suspensión de las misas públicas. Quería recibir la Eucaristía, que describía como la gracia que necesitaba en medio de su enfermedad.

El arzobispo Pérez le respondió ese mismo día, ofreciéndose a llevarle la comunión él mismo.

«Sin duda, vivió una vida que fue un ejemplo» del mandamiento de Cristo de amar a «Dios con todo tu corazón», dijo el arzobispo Pérez. «Por eso estamos aquí hoy», informa el Register.

El pueblo fiel reconoce su santidad de vida

Imagen  gentileza de Arthur Poulin.

Desde su fallecimiento, el 8 de octubre de 2020, Brian y Susan han recibido cada semana decenas de mensajes de personas que afirman que su hija ha influido en sus vidas, entre ellas personas que han vuelto a la Iglesia, han redescubierto los sacramentos o han profundizado en su fe gracias a su ejemplo.

En junio, se presentó al arzobispo Pérez una petición para que se iniciara la causa de canonización de la adolescente del condado de Bucks, con lo que se puso en marcha el proceso preliminar de consulta de la Iglesia.

El padre Griffen Schlaepfer, un sacerdote de Filadelfia de 28 años que conoció la historia de María tras su fallecimiento, descubrió su historia a través de una estampa de su parroquia en la que figuraba una de sus frases: «No hace falta ser raro para ser santo».

Esa frase se le ha quedado grabada a medida que ha ido conociendo su testimonio. «No hace falta ser triste para ser santo», afirma el padre Schlaepfer. «Se puede tener una vida plena y atractiva y, al mismo tiempo, vivir plenamente de acuerdo con la voluntad de Dios».

Una fe a temprana edad

devota de la virgen maria

María nació el 10 de septiembre de 2002, cuando Susan tenía 44 años, después de que ella y Brian se casaran tras la anulación de sus matrimonios anteriores y unieran sus familias. Sus padres la describen como un regalo inesperado de Dios. Al mismo tiempo, en muchos aspectos era una adolescente como cualquier otra.

Le encantaba la música, la danza irlandesa y los deportes. Destacaba académicamente, fue elegida delegada de clase y formaba parte de la Sociedad Nacional de Honor, todo ello mientras desempeñaba diversas funciones en su parroquia.

Maggie McArdle, una amiga de la infancia, conoció a María en primer curso. La recuerda como una chica divertida, ingeniosa y amable: una chica que hacía vídeos musicales divertidos con sus amigos y a quien le encantaba hacer carteras con cinta adhesiva. «Recuerdo las carcajadas, reíamos hasta que nos dolía el estómago», dice Maggie. «Me gusta hablar hoy con ella y repasar nuestros antiguos mensajes. Son muy especiales para mí».

Kim O'Grady, la hermana de María, también recuerda esa cercanía. Quince años mayor que María, Kim la vio convertirse en una adolescente a quien le encantaban Taylor Swift, los Jonas Brothers y Shawn Mendes; y que, como otros adolescentes de su edad, tenía Snapchat e Instagram.

Aunque compartía muchos de los mismos intereses que sus compañeras adolescentes, había indicios de que María tenía claras sus prioridades en lo que se refería a la fe y al crecimiento personal. «Sabía cuál era su estrella polar», afirma Kim, explicando que María parecía saber quién era y en qué creía. «Si tienes esa relación con Dios y te centras y te dedicas a eso, puedes ser quien eres y desarrollar todo tu potencial».

Crecimiento espiritual

María, consciente de las presiones a las que se enfrentan muchos jóvenes hoy en día, demuestra en sus escritos un deseo de crecer. Por ejemplo, tras ver vídeos antiguos de sí misma de cuando era niña, reflexionó sobre lo mucho que había cambiado y cómo las redes sociales habían influido en la forma en que se veía a sí misma.

«Creo que ver esos vídeos me hizo darme cuenta de que no hay razón para que no sea como era cuando era pequeña», escribió en su diario. «Aunque eso signifique alejarme un poco de las redes sociales o del hacer cosas solo por diversión y simplemente disfrutar de las pequeñas cosas, eso es lo que me propongo hacer».

María, consciente de las presiones a las que se enfrentan muchos jóvenes hoy en día, demuestra en sus escritos un deseo de crecer. Por ejemplo, tras ver vídeos antiguos de sí misma de cuando era niña, reflexionó sobre lo mucho que había cambiado y cómo las redes sociales habían influido en la forma en que se veía a sí misma.

«Creo que ver esos vídeos me hizo darme cuenta de que no hay razón para que no sea como era cuando era pequeña», escribió en su diario. «Aunque eso signifique alejarme un poco de las redes sociales o hacer más cosas por diversión y simplemente disfrutar de las pequeñas cosas, eso es lo que me propongo hacer».

Stephanie Weaver, que impartió a María clases de doctrina social católica y teología moral en el instituto Villa Joseph Marie, fue testigo de primera mano de esa combinación de fe y acción de la adolescente. Recuerda que en su primer año de secundaria, María puso en marcha una recogida de abrigos en beneficio de Mother of Mercy House, en Kensington, y copresidió el «mini-thon» del centro —ahora llamado «Hope-A-Thon» en honor a María—, un maratón de baile que recauda fondos para apoyar a los niños que luchan contra el cáncer.

«Había algo muy diferente en María, porque no se limitaba a hablar de boquilla», afirma Stephanie. Al contrario de la mayoría, «ella predicaba con el ejemplo».

Testigo de la fe

causa canonizacion maria middleton

«Su santidad no se puso de manifiesto cuando le diagnosticaron» un cáncer cerebral, comenta Brian, padre de María, y añade: «Su santidad surgió y creció a lo largo de su vida, en su búsqueda de las virtudes y al ofrecer sus talentos a Dios».

En efecto la fe de María fue puesta a prueba cuando en enero de 2019, con apenas 16 años, le diagnosticaron un tumor cerebral inoperable en el tronco cerebral. Los médicos le comunicaron junto a su familia, que podría tener entre nueve y doce meses de vida.

El padre Simione Volavola, de los Misioneros del Sagrado Corazón, que conocía a María desde la infancia, a través de la parroquia, estaba presente en la habitación cuando recibió el diagnóstico. «Era la persona más serena de la sala», recuerda el padre Simione. «Se lo tomó con mucha calma y lo aceptó muy rápidamente».

 

Esa paz se mantuvo a medida que la enfermedad de María avanzaba, incluso cuando el sufrimiento físico aumentaba. «Nunca perdió esa paz», afirma el sacerdote. «El cuerpo le fallaba. Sufría mucho, pero llevaba su cruz con gran dignidad», corrobora.

La batalla final

Solo Dios salva
Solo Dios salva

María esperó una curación milagrosa durante toda su enfermedad. Sin embargo, al mismo tiempo, luchaba para entregarse a la voluntad de Dios.

Sus diarios, que empezó a escribir cuando era niña, revelan una vida espiritual que, según sus padres, solo comprendieron plenamente tras su muerte. Las primeras palabras que dejó escritas en un diario a los 11 años son sencillas: «Dios es misericordioso».

Sus últimas palabras escritas, cuando los efectos del tumor le dificultaban cada vez más escribir, fueron dos palabras que se convertirían en el nombre de la fundación creada en su memoria: «Piensa en la esperanza».

Aunque María fue perdiendo sus capacidades físicas, su preocupación por los demás no desapareció.

Nueve meses después de su diagnóstico, viajó con sus padres a Uganda, donde los alumnos de la Academia Papa Juan Pablo II habían estado rezando por ella. Una niña, Patience, le escribió una carta a María pidiéndole que rezara por su hermano, que padecía anemia falciforme.

Cuando más tarde María tuvo la oportunidad de pedir un deseo a través de Make-A-Wish, decidió utilizarlo para ayudar a la familia de Patience y a la escuela.

Aunque el estado de María empeoró, nunca perdió la esperanza, según cuenta su madre Susan. «Era consciente de que sus piernas no funcionaban y sus brazos tampoco», explica Susan. «Y ya no podía oír. Ni tragar. Ni hablar. Sabía que todo esto estaba sucediendo y no se desesperó».

María falleció el 8 de octubre de 2020, a los 18 años. Sus padres dedican ahora gran parte de su vida a dar a conocer su historia. Su libro, *Think Hope: La vida de María Middleton, marcada por una confianza inquebrantable en Dios*, fue publicado por Ascension en 2025.

En la misa conmemorativa, el arzobispo Pérez destacó que el discernimiento de la Iglesia sobre la posible canonización de María es, en última instancia, secundario respecto al testimonio que ella ya ofrece.

«La fe es como una onda», dijo, citando a María. «Cuando tienes fe y la muestras, repercute en la vida de otras personas». «María les dice a los jóvenes: "Vosotros también podéis tener una gran fe"», declaró al Register. «"Vosotros también podéis ser santos. Vosotros también podéis tener esperanza"». «Vosotros también podéis vivir una vida de esperanza y amor por la vida», prosiguió el arzobispo Pérez, «de fe y amor por el Señor y por su Iglesia».

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