El padre abad tenía, entre sus amigos, a un periodista. En una situación de especial turbulencia y de informaciones que iban hacia un lado y hacia otro, le escribió un mensaje que era, en el fondo, una petición de ayuda.
 
“Te mando un saludo, esperando que sigas bien de salud, así como toda tu familia. Te escribo estas líneas con una petición de ayuda, que dirijo a ti, pero me gustaría ofrecer a otros colegas tuyos.
 
Tú constatas, como tantas y tantas personas, la confusión que nos rodea estos meses. Noticias que dicen una cosa y lo contrario, opiniones que van a favor de un remedio, o a favor del remedio opuesto.
 
Para colmo de males, algunas páginas de Internet han impuesto una censura férrea contra ciertas posiciones que, según mi parecer, serían plenamente legítimas en su sano debate y en una situación compleja como la que estamos viviendo.
 
Por eso te pido, como periodista y como amigo, una ayuda que no solo me beneficiaría a mí, sino a tantos otros que observan la confusión reinante y el aumento de las tensiones en el debate.
 
Te pediría que, ante cada nuevo dato sobre este tema, tú y tus colegas investiguéis a fondo la fuente, su veracidad, los contextos que la rodean, las implicaciones.
 
Igualmente, te pediría que escuchases puntos de vista que tienen plenamente legitimidad en el debate, porque ayudan a ir más a fondo en todo lo que rodea lo que estamos viviendo.
 
No sé si recuerdas aquellos debates apasionados sobre si instalar más centrales nucleares o cerrar las que siguen abiertas. O las discusiones, más recientes, sobre si las vacunas debían ser opcionales u obligatorias.
 
Daba pena ver cómo algunos usaban sofistas, desinformaciones, medias verdades, mentiras. Y daba alegría encontrar mentes abiertas que escuchaban las reflexiones de otros y sabían acogerlas en lo que pudieran servir para enriquecer las perspectivas.
 
Si tú y muchos otros periodistas saben recoger datos, escuchar lo que dicen unos y otros, ampliar las implicaciones detrás de cada opción, será posible que el gran público empiece a tener un panorama más completo de lo que ocurre y de lo que está en juego para el presente y para el futuro.
 
Sé que no resulta fácil trabajar así, pues muchas veces las prisas, la presión de algunos grupos, incluso ciertos prejuicios ideológicos, llevan a algunos periodistas a descalificar a algunos, vistos como enemigos, y a exaltar a otros, que serían presentados como paladines de la verdad.
 
Estoy seguro de que en ti hay una vocación genuina al sano periodismo, capaz incluso de ir en contra de lo que te quieran imponer tus jefes o quienes les presionan para ocultar ideas que van contra sus intereses.
 
Por eso, si tú y otros empezáis a ir a fondo en estos temas, que implican tanto para el presente y el futuro de nuestro país y, en ocasiones, del mundo entero, seguro de que habrá un mayor acceso a la información, y los que somos vuestro público tendremos a la mano una excelente ayuda para comprender mejor lo que pasa.
 
Te dejo con esta petición que, seguramente, encontrará en ti la acogida adecuada, porque conozco tu honestidad y tu esfuerzo en esa tarea que has escogido: ser un profesional del mundo de la noticia.
 
Un saludo a tu esposa y a los hijos. Pídele a Dios por mí, para que sea un buen sacerdote. Yo pido por ti. Un abrazo en el Señor. Tuyo...”
 
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