Los objetores de conciencia católicos de la diócesis de Mindong, emplazada en la provincia suroriental de Fujian, están pidiendo ayuda urgente, ya que el Gobierno chino comenzó a recurrir a la tortura mientras los presiona para que se unan a la Asociación Patriótica Católica China (APCC). Según lo previsto en las directrices del Vaticano del 2019, los sacerdotes y obispos pueden permanecer fuera de la APCC por razones de conciencia, pero el régimen utiliza todos los medios posibles para transformar por completo lo que solía conocerse como la Iglesia católica clandestina antes del mes de junio.

Un sacerdote fue privado del sueño durante cuatro días

Un católico de la diócesis informó que, el 2 de abril, funcionarios gubernamentales detuvieron al padre Huang, un sacerdote de la parroquia del poblado de Saiqi, administrado por la ciudad de Fuan de Fujian. Durante cuatro días, el sacerdote fue sometido a un método de tortura conocido como «agotar un águila«, mediante el cual se priva a las personas del sueño durante períodos prolongados.

«La residencia del padre Huang estaba siendo vigilada y ese día, aproximadamente a las 4 de la tarde, la policía forzó la puerta y se lo llevó a la fuerza», afirmó el feligrés. «En la operación participaron más de una docena de personas».

Esa noche, los oficiales de seguridad nacional escoltaron al padre Huang hasta un remoto centro de interrogación secreto y lo confinaron en una pequeña habitación equipada con una cámara de vigilancia. El sacerdote fue cegado con fuertes luces durante las 24 horas del día, mientras los oficiales se turnaban para vigilarlo, amenazándolo con mantenerlo detenido mientras se negara a unirse a la APCC.

Antes de firmar, el padre Huang solicitó añadir a la solicitud de adhesión a la APCC una declaración que dijera «permanecerá fiel a la doctrina católica» —tal y como está previsto en las directrices del Vaticano—. También quería añadir que se unía «con la condición previa de conservar nuestra creencia pura y garantizar nuestra comunión con el papa». Pero los funcionarios gubernamentales se rehusaron a hacerlo, alegando que, según las «leyes y reglamentos nacionales y el liderazgo de la APCC», no se le permitía añadir ninguna condición previa.

Luego de cuatro días, el padre Huang, exhausto por la tortura a la que fue sometido hasta casi sufrir un colapso mental, firmó la solicitud. Los oficiales de seguridad nacional lo presionaron para que persuadiera a otros sacerdotes a hacer lo mismo, prometiendo darle 50 000 yuanes (alrededor de 7000 dólares) por cada caso exitoso, pero el padre Huang se negó a hacerlo.

«El padre Huang se arrepintió después de haber firmado, pensando que había decepcionado a su congregación», explicó el feligrés. «Afirmó que no se ‘revolcaría en el pantano de la APCC’, a pesar de haberse unido a ella».

Un infiltrado en el Gobierno local explicó que debido a que medios de comunicación extranjeros (entre los que se incluía Bitter Winter) habían denunciado la clausura de iglesias católicas no registradas en la diócesis, las autoridades eligieron al padre Huang como objetivo para obligarlo a unirse a la APCC, demostrando que se encuentran abocados a implementar la tarea política de eliminar las iglesias no registradas.

“Mis superiores afirmaron que debería utilizarse cualquier medio para hacerlo firmar; si era necesario, podía ser eliminado”, afirmó el infiltrado.

Culpa por Asociación, otra herramienta utilizada por el Partido Comunista Chino para presionar a los sacerdotes

Un clérigo de la diócesis le dijo a Bitter Winter que debido a que al Gobierno solo le queda un mes para llegar a la fecha límite que había establecido para «transformar» a la Iglesia católica no registrada, probablemente intensificará los esfuerzos para presionar a otros sacerdotes para que se unan a la APCC, tal y como hicieron con el padre Huang.

A principios de abril, monseñor Guo Xijin, obispo auxiliar de la diócesis, y el padre Liu, un sacerdote local sumamente respetado, fueron amenazados por la policía, obligándolos a unirse a la APCC. En otros casos, el Gobierno recurrió a la estrategia de «culpa por asociación» —un método de intimidación frecuentemente utilizado por el Partido Comunista Chino (PCChpara reprimir a los católicos disidentes y a otros creyentes—.

El padre Feng, procedente de la aldea de Xiyin del poblado de Xitan de Fuan, se vio obligado a firmar la solicitud luego de que el Gobierno amenazara con despedir a su hermano menor y a su cuñada de sus cargos públicos. Cuando otro sacerdote se negó a firmar, las autoridades confiscaron el triciclo de motor de su hermano, el cual utilizaba para hacer negocios, y clausuraron la agencia de viajes de su sobrino.

“El Gobierno es sumamente agresivo; hace que los jóvenes sacerdotes se sientan atemorizados”, afirmó con preocupación el clérigo. «El Gobierno pronto comenzará a reprimir a las monjas, ya que quiere poner a todos los católicos no registrados bajo su control». El mismo añadió que la policía y el personal gubernamental vigilan a todos los sacerdotes que se niegan a unirse a la APCC, además de las omnipresentes cámaras en las calles utilizadas para tal fin.

Los sacerdotes piden ayuda

«En las directrices del Vaticano del 2019, la Santa Sede le pide al Gobierno del PCCh que no ataque ni amenace a los objetores de conciencia católicos, pero el Gobierno hace la vista gorda sobre esto, persigue inescrupulosamente a los sacerdotes y vocifera contra el Vaticano en público», le dijo a Bitter Winter un sacerdote de la diócesis. «El PCCh es ateo, por lo que continuará persiguiendo a los católicos y al final hará que todas las personas de fe crean en el comunismo. El papa no ve claramente su esencia, todavía se hace ilusiones al respecto, y los católicos no registrados están enfrentando una calamidad».

El sacerdote espera que la comunidad internacional vea cómo el Gobierno del PCCh persigue a la Iglesia católica y que el papa se dé cuenta de que fue un error negociar con el régimen comunista. «No podemos simplemente cantar alabanzas al papa, también tenemos que transmitir información verdadera y objetiva sobre la persecución de la Iglesia, con la esperanza de que escuche nuestra voz de crítica, reflexione y haga algo para ayudarnos».
 
 
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