Voy a empezar este artículo con una pregunta: ¿sabéis que el Parlamento europeo ha publicado recientemente una resolución condenando tanto al nazismo (cosa que evidentemente no llama la atención) como al comunismo? Por lo que he podido comprobar, muchas de las personas a las que he preguntado no lo sabían.

Me he enterado de este hecho no hace muchos días gracias a un par de artículos en ABC. No creo que haya muchos periódicos y televisiones que se hayan hecho eco de esta noticia, que pienso que es de primera plana, aunque gracias a las redes sociales la gente va poco a poco enterándose y es que hoy, afortunadamente, es cada vez más difícil ponerle puertas al campo o lograr callar una noticia de esta envergadura. Pero lo que pienso que nos demuestra este silencio es como hay muy pocos medios de comunicación realmente libres y cómo los que los manejan quieren manipularnos.

Se trata de una resolución aprobada el 19 de septiembre tras una votación cuyo resultado fue: 535 votos a favor, 66 en contra y 52 abstenciones, es decir una mayoría del 81%. El Parlamento europeo equipara al régimen comunista con el nazi ya que ambos, dice, “cometieron asesinatos en masa, genocidios y deportaciones y fueron los causantes de una pérdida de vidas humanas y de libertad en el siglo XX a una escala hasta entonces nunca vista en la historia de la humanidad”. Pide a los Estados miembros “que hagan una evaluación clara de los crímenes perpetrados por los regímenes comunistas y nazi”, condena toda propagación de dichas ideologías, pide a los Estados que sensibilicen a las nuevas generaciones respecto a estos crímenes incluyéndolos “en los libros de texto de todas las escuelas de la Unión” y que se favorezca una “cultura común de memoria histórica” que los condene.

Cualquier persona con un mínimo de conocimientos históricos conoce que nazis y comunistas son los que principalmente han ensangrentado el siglo XX. La Iglesia católica sabe muy bien la multitud de mártires que han producido estas dos malvadas ideologías. Los nazis en el decenio 1935-1945 y los comunistas a lo largo de buena parte del siglo XX y en muchos lugares del mundo, siendo ciertamente su número de víctimas superior, aunque en más tiempo y en más países. El nazismo fue condenado en Nuremberg y tiene una merecidísima pésima fama. Pero el comunismo había escapado hasta ahora en el mundo civil de la condena moral que también merece no solo por sus crímenes, sino también por haber privado a muchísimas personas e incluso países de libertad, y es que, afortunadamente, al ser humano le gusta la libertad y tiene una aspiración innata hacia la verdad.

Nunca se me olvidará mi visita a Berlín en la época del Muro. Recorrí varios kilómetros junto a él y no pude por menos de preguntarme cómo alguien que hubiese visto el Muro podía seguir siendo comunista. También recuerdo que en la catedral de Buenos Aires, entrando a la izquierda en una capilla se recuerda con una inscripción de tiempos del cardenal Bergoglio, el genocidio ucraíno (es así como lo pone). Dada la época (la Segunda Guerra Mundial y que no tenía ni idea del asunto), pregunté si habían sido los nazis o los comunistas. Fueron éstos, como luego también leí.

Cuba y Venezuela nos muestran actualmente el fracaso del sistema comunista, incluso desde el punto de vista económico. La transformación del mundo que pretende el marxismo ha sido un desastre total que ha llevado a muchos a la pobreza y miseria, y es que aunque los comunistas hablen de liberación de los oprimidos, resulta que han sido los grandes opresores.

Esta condena ha sido posible por la presencia en el Parlamento europeo de los países de la Europa del Este, que han padecido hasta no hace mucho los atropellos del sistema comunista y, en consecuencia, no están dispuesto a que el sistema comunista salga impune de sus delitos.

Tanto nazis como comunistas, las dos grandes tiranías del siglo XX, han sido regímenes sin Dios, que no han tenido presentes la frase de Jesús en la Última Cena: “Sin mí no podéis hacer nada” (Jn 15, 5). Otro de sus grandes errores ha sido olvidarse del pecado original, de nuestra inclinación al mal, por lo que han intentado construir una sociedad nueva sobre un ser humano que no existe, por lo que su edificio falla desde los cimientos.

 
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