¿Hacia dónde deberíamos dirigir nuestros ojos? ¿Arriba, abajo o simplemente al camino que estamos transitando?

Bueno, hay diferentes tipos de espiritualidades: Las Espiritualidades de la Subida, las Espiritualidades de la Bajada y las Espiritualidades de Mantenimiento, y cada una de ellas es importante.

Las espiritualidades de la Ascensión son espiritualidades que nos invitan a esforzarnos siempre por lo más alto, por lo más noble, por lo que nos expande y nos lleva (figurativamente) hacia arriba más allá de las cotidianas rutinas morales y espirituales dentro de las que habitualmente nos encontramos.  Nos dicen que podemos ser más, que podemos trascender lo ordinario y romper los viejos techos que han constituido nuestro horizonte. Nos dicen que si nos expandimos lo suficiente seremos capaces de caminar sobre el agua, ser grandes santos, ser inflamados con el Espíritu, y experimentar ya ahora las alegrías profundas del Reino de Dios. Estas espiritualidades nos dicen que la santidad está en el ascenso y que deberíamos estar habitualmente extendiéndonos hacia metas más elevadas.

Estas espiritualidades tienen una contraparte secular y esa contraparte es lo que a menudo escuchamos de los oradores de las graduaciones académicas que siempre están desafiando a aquellos que se gradúan a soñar grandes sueños, a alcanzar las estrellas.

Hay mucho que decir sobre este tipo de invitación. Gran parte de los Evangelios contienen exactamente este tipo de desafío: Mantener los ojos bien entrenados hacia arriba: Piensa con tu gran mente; siente con tu gran corazón; imagínate a ti mismo como hijo de Dios y refleja esa grandeza; deja que las enseñanzas de Jesús te expandan; deja que el espíritu de Jesús te llene; deja que los altos ideales te enriquezcan.

Pero los Evangelios también nos invitan a una Espiritualidad del Descendimiento. Nos dicen que nos hagamos amigos del desierto, de la cruz, de la ceniza, de la renunciación, de la humillación, de nuestra sombra y de la muerte misma. Nos dicen que crecemos no sólo moviéndonos hacia arriba sino también disminuyendo hacia abajo. Crecemos también dejando que el desierto nos haga trabajar, renunciando a los sueños queridos para aceptar la cruz, dejando que las humillaciones que nos sobrevienen profundicen nuestro carácter, teniendo el valor de enfrentarnos a nuestro propio caos profundo, y haciendo las paces con nuestra propia mortalidad. Estas espiritualidades nos dicen que a veces nuestra tarea, espiritual y psicológica, no es levantar los ojos al cielo, sino mirar hacia abajo sobre la tierra, sentarse en las cenizas de la soledad y la humillación, mirar fijamente el desierto inquieto dentro de nosotros, y hacer las paces con nuestros límites humanos y nuestra mortalidad. 

No hay muchas contrapartes seculares de esta espiritualidad (aunque sí se ve en lo mejor de la psicología y la antropología).  El desafío de la bajada no es uno que a menudo oirás de un orador de la ceremonia de graduación.

Pero todavía hay otro género de espiritualidades, un tipo muy importante, a saber, las Espiritualidades de Mantenimiento.

Estas espiritualidades nos invitan a cuidarnos a nosotros mismos, a tener en cuenta que el camino del discipulado es un maratón, no una carrera de velocidad, y así prestar atención a nuestros límites. No todos somos atletas espirituales y el cansancio, la depresión, la soledad y la salud frágil, mental o física, pueden, si no tenemos cuidado con nosotros mismos, quebrarnos. Estas espiritualidades nos invitan a ser cautelosos tanto con un ascenso demasiado entusiasta como con un descenso ingenuo. Nos dicen que la torpeza, el aburrimiento y el tedio nos encontrarán a lo largo del camino, así que deberíamos tomar un vaso de vino cuando sea necesario y dejar que nuestro cansancio nos dicte que en una noche dada podría ser más saludable para nosotros espiritualmente ver una comedia sin sentido o un evento deportivo que pasar ese tiempo viendo un programa religioso. También nos dicen que respetemos el hecho de que, dada nuestra fragilidad mental a veces, hay descensos de los que debemos alejarnos. No niegan que necesitamos empujarnos a nuevas alturas y que necesitamos tener el coraje, a veces, para enfrentar el caos y el desierto dentro de nosotros; pero advierten que también debemos tener siempre en cuenta lo que podemos manejar en un momento dado de nuestras vidas y lo que no podemos manejar en ese momento. Las buenas espiritualidades no te ponen en un cinturón transportador universal, el mismo camino para todos, sino que toman en cuenta lo que necesitas hacer para mantener tu energía y cordura en un viaje maratónico.

Las Espiritualidades de Mantenimiento tienen una contraparte secular y podemos aprender cosas aquí del estrés de nuestra cultura en mantener la salud física de uno a través del ejercicio apropiado, la dieta apropiada y los hábitos de salud apropiados. A veces en nuestra cultura esto se vuelve unilateral y obsesivo, pero sigue siendo algo de lo que las espiritualidades deben aprender, es decir, que la tarea en la vida no es sólo crecer y enfrentarse valientemente a la sombra y a la mortalidad. A veces, muchas veces, la tarea más urgente es simplemente mantenerse sano, cuerdo y flotante.

Diferentes espiritualidades enfatizan una u otra de ellas: el ascenso, el descenso, o (menos comúnmente) el mantenimiento, pero una buena espiritualidad enfatizará las tres: Entrena tus ojos hacia arriba, no olvides mirar hacia abajo, y mantén tus pies firmemente plantados en el suelo.
 
 
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