Hay un punto que reconozco no logro entender: ¿cómo los diputados que votan a favor del aborto, después de haber votado a favor de ese genocidio, pueden dormir tranquilamente.

 
El Parlamento Europeo ha aprobado el día 9 de junio el Informe Noichl en que se establece el "derecho” al aborto en toda la UE y cátedras de ideología de género. El resultado de la votación ha sido: 341 a favor (49%), 281 en contra (40%) y 81 abstenciones (12%), En cuanto a los eurodiputados españoles, han votado en contra cuatro diputados del PP, se han abstenido doce de este mismo Partido y han votado a favor los del PSOE, los nacionalistas, Verdes, UPyD, Ciudadanos y Podemos. No han estado presentes, ignoro los motivos, uno del PSOE, uno de Ciudadanos y uno de CIU.

El voto a favor del aborto me parece un voto criminal que además no puede alegar excusas como la ignorancia. En cierta ocasión y discutiendo sobre el caso Galileo, mi interlocutor me echó en cara lo burros que eran los inquisidores que, según parece, se habían negado a mirar por el telescopio, como les pedía Galileo. No sé si la anécdota es o no cierta, pero hoy los que se niegan a mirar por el telescopio son los abortistas.

Me explico: prescindiendo de que los genetistas afirman que hoy hay la evidencia científica que desde el primer momento de la fecundación hay un ser humano con su ADN propio, no hay que esperar sino entre ocho y diez semanas para tener un ser humano perfectamente constituido, mientras que la Ley del aborto en nuestro país admite el aborto libre hasta la catorce semanas, cuando es evidente, hasta para el más lego en Medicina, que se trata, desde hace tiempo, de seres humanos, lo que ratifican orgullosamente tantos padres, madres y abuelos que llevan en sus móviles la foto de ese niño de esa edad, todavía por nacer, porque es algo tan simple como sacar una foto a una ecografía. Me gustaría ver la cara de esos padres cuando un abortista trate de convencerles que eso no es un ser humano. Seguro que piensan que de idiotas está lleno el mundo.

Ahora bien, si es un ser humano, significa que yo, abortista, estoy autorizando con mi voto el asesinato de seres humanos. En pocas palabras, es reconocer que yo diputado, yo senador, soy un criminal, como sostiene la Iglesia que en el Concilio Vaticano II afirma: “el aborto y el infanticidio, son crímenes horribles” (Gaudium et Spes, nº 51), tanto más cuanto que San Pablo nos dice: “Todos tenemos que comparecer ante el tribunal de Cristo para recibir premio o castigo por lo que hayamos hecho en esta vida” (2 Cor 5,10). Por ello, hay un punto que reconozco no logro entender: ¿cómo los diputados que votan a favor del aborto, después de haber votado a favor de ese genocidio, pueden dormir tranquilamente?

Tal vez alguien piense que como soy sacerdote el asunto del aborto ni me va ni me viene. Cierto compañero sacerdote me contó que alguien le increpó por oponerse al presunto derecho al aborto, ya que la mujer es dueña de su cuerpo y puede hacer con él lo que le dé la gana. Le respondió: “Vd. es muy dueña de pensar lo que quiera, pero a quien le toca tratar de ayudar a las mujeres destrozadas como consecuencia de sus ideas, es a nosotros. Vds. no tienen ni idea del daño que hacen”.

Añado además otra cosa, que los psiquiatras saben bien: mientras en la mayor parte de los pecados con el paso del tiempo su recuerdo se va oscureciendo, en el aborto sucede lo contrario; con el paso del tiempo el recuerdo se hace cada vez más vívido y el sentimiento de culpabilidad mayor. Por supuesto recomiendo el sacramento de la confesión para obtener el perdón de Dios. Pero luego, para los autores y colaboradores en el aborto queda otro paso nada fácil; el de perdonarse a sí mismos.

Para terminar quiero añadir que tampoco entiendo a los diputados abortistas que te dicen que están con los pobres. A los más pobres e indefensos entre los pobres, a los niños antes de nacer, simplemente los matan o aprueban su muerte. Claro está que pertenecen a partidos que la Historia nos demuestra que son unos fenómenos fabricando pobres, aunque han sido elegidos para terminar con la pobreza, no para incrementarla.

 
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