En Chile han comenzado extraoficialmente las campañas para elegir presidente de la Republica. Por primera vez en la historia tenemos 9 candidatos, tres mujeres y seis hombres. Agnósticos, ecologistas, ateos y otros.
 
Contemplando la diversidad de propuestas muchos se confunden, otros toman distancia expresando desinterés y algunos, más apasionados, piensan que su candidato es la solución a todos los problemas que tiene la nación.
 
Chile dice avanzar al desarrollo, pero la desigual distribución de los recursos, sigue siendo factor de escándalo. Así no hay desarrollo posible. Hay chilenos que ganan en un mes lo que un obrero se demora 20 años en conseguir, esto es cuestionable a lo menos; y nuestros obispos se han pronunciado sobre el tema, denunciando esta realidad. 
 
Sorprenden las ofertas que hacen los distintos candidatos y grupos que desde el anonimato les respaldan: Banqueros, Empresas de la Salud Privada, Empresas Administradoras de los Fondos de Pensiones y también grandes empresarios. Sorprende que con ellos cohabiten grupos ideológicos cuyos programas hablan de una filosofía que da la espalda al cristianismo, fe que representa a la mayoría de los ciudadanos. Sorprende, sí, que ningún candidato sea declaradamente cristiano, o católico ni evangélico.
 
¿Por qué los cristianos que realmente viven su fe no están presentes en la política activa? ¿Cuál es la causa para que los católicos de nuestro país no se comprometan con este tema? Tampoco están presentes masivamente en los sindicatos luchando por los derechos de los trabajadores y todo esto mueve también a escándalo… ¡Si incluso nuestro santo, Alberto Hurtado, puso a Cristo y el evangelio en el corazón de todo empeño por consolidar una sociedad más justa, con una mejor distribución de los recursos y formando además a muchos jóvenes que luego participaron en la política activa!
 
El escándalo, que es ofensa a Dios, nace cuando el poder económico que patrocina a sus candidatos a la presidencia, compite apostando por las más altas mayorías, con un despilfarro de dinero a raudales. Carteles que cuestan millones de pesos inundan el país y, al lado, miles de personas mueren esperando en los servicios públicos de salud por ser atendidos u otros deben realizar bingos, rifas, colectas, para poder comprar algunos remedios que no cubre el sistema de salud pública. Por nombrar sólo una carencia… ¡Millones de dólares tirados en las calles son una afrenta a Dios en el rostro de los pobres!
 
Carteles manchados con la sangre de los inocentes que se proponen asesinar pues estos candidatos defienden el aborto terapéutico como primer paso de una escalada. Carteles, candidatos y sus propuestas, grupos que les apoyan, que sin respeto alguno por las mayoría cristianas promueven validar legalmente las relaciones entre personas del mismo sexo. Populismo circense, hambre de poder, que sería la envidia de Pilatos. Seres capaces algunos de vender a su madre por obtener votos. 
 
En cuanto a los candidatos al parlamento, pocos son entre ellos los católicos convencidos que luchan por defender los principios que han constituido nuestro país desde sus orígenes.
 
Me hago parte de los hoy sin voz en esta situación que vivimos y con ellos hablo desde esta columna. Muchos que lucharon por restablecer la democracia, protagonistas auténticos del cambio, que anhelaban espacios para construir esa fraternidad que la Iglesia alentó... y están desencantados de lo que ha sucedido en estos últimos años con la política en nuestro país. Escuchaba hace unos días a Patricio Bañados (rostro publicitario de la campaña del No en Chile en tiempos de la dictadura), quien comentaba, haciéndose parte, esta realidad del desencanto. ¡Cómo no entender a millones semejantes a don Patricio, cuando vemos que los candidatos ya no tienen independencia, pues la verdad es que son los poderosos quienes manejan sus candidaturas! Candidatos serviles a sus patrocinadores.
 
Sí, constato que son los grandes grupos económicos de nuestro país quienes dirigen la nación. Sus políticos apadrinados… obreros de esos poderes. ¡Cuando las personas lo que necesitamos son servidores públicos honestos y dedicados a buscar el bien de la población y no a inclinarse ante quienes les respaldan económicamente! 
 
Pido a Dios suscite vocaciones, cristianos coherentes que se hagan parte en la política contingente. ¡Que tu Pueblo Señor participe pues el tesoro de la humanidad que construye sociedades auténticamente sanas y desarrolladas lo das Tú!: La defensa de la vida, el ser humano como centro de la acción fraterna, fruto de su amor a Dios Padre quien nos hace hermanos en Cristo.
 
Pido a Dios intervenga para que los signos de muerte, las propuestas contrarias al Evangelio, sean derrotadas, no se institucionalicen, y triunfe Él como signo visible en todos.
 
Jesús nuestro Señor nos bendiga, y proteja con María Santísima.

 
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