Homosexualidad, reconstruyendo una nueva identidad
14 enero 2016


Han pasado las Navidades y con ellas un período de reuniones familiares, cenas, regalos, tiempo de felicidad, etc., he de decir que he pasado por un período de gran estrés. No es que no me gusten las Navidades, todo lo contrario, es de mis fechas favoritas del año (claramente por su verdadero significado), pero la ansiedad que se me ha creado es importante. Sin embargo, estamos trabajando, gestionando esta ansiedad. Como siempre, el deporte es un punto clave…y afortunadamente, he sabido canalizar todo de un modo saludable (algo que estaba dejando algo de lado).

De lo que va esta terapia es de crear hábitos, como una "rutina de comportamiento" que termine por salir sola. Pero claro, si no se lleva a cabo primero conscientemente, no se logrará hacer inconsciente…de ahí que la constancia sea la palabra clave de todo el proceso. Sin constancia no hay progresos, y sin progresos te quedas estancado. Echando la vista atrás y a pesar de que en ocasiones piense que no he hecho progresos, he pegado un cambio muy grande. Realmente si no hubiera descubierto la terapia, no sé qué sería de mi vida ahora mismo. Las lágrimas a solas, la tristeza que invadía mi cuerpo, el dolor constante por no sentirme alguien normal…, por mucho que la sociedad intente “un periodo de aceptación”, detrás de cada una de las "personas homosexuales" hay una necesidad de comprensión, falta de cariño y mucho, mucho, mucho dolor. Lo sé porque tengo amigos que han pasado por lo mismo. Lo sé porque lo he vivido en carne propia.

Sin embargo, la esperanza es lo último que se pierde. Es lo que me anima cada día al levantarme, saber que estoy en el buen camino y que soy un guerrero. Pasando a hablar un poco de cómo llevo esta carrera de fondo…puedo decir que, en general bastante bien en cuanto a aceptación propia. Nunca me he considerado una persona especialmente valiosa, y he trabajado cantidad en este punto hasta llegar a un grado de aceptación casi máximo. Es genial sentirme a gusto conmigo mismo, aceptarme como soy y conocer mis propios límites. Y ya no solo hablo de mi forma física, sino también interiormente. Ahora se valorar mis opiniones, sabiendo que es algo legítimo y que mi forma de pensar no tengo que adecuarla a las demás personas, en busca de aceptación y aprobación. Yo soy de una manera y punto, que los demás piensen lo que quieran. Esto ayuda a lo que llevo comentando en otras páginas, que es la seguridad sobre todo a la hora de hablar, batalla en la que he vencido, rompiendo las cadenas del silencio.

Por otro lado, llegó el momento que temía, y es el de hablarle de la AMS a mis padres. Entré en terapia dejando claro que no quería que absolutamente nadie (y menos mis padres) supiesen de este tema. Lo consideraba algo humillante. Claramente mi perspectiva ha cambiado cantidad. También era de justicia contárselo, y así lo he hecho, por lo menos con mi madre, que es la persona con la que tengo una herida, yo diría la más profunda…, mi herida heteroemocional. No es culpa suya, puesto que no fue consciente y no me educó con mala intención en ningún momento, pero al tener un padre casi ausente emocionalmente, ella tuvo que adoptar el papel de madre y de padre. Aunque al principio le costó un poco entender lo que le estaba explicando, lo acabó asimilando bien, y con ese amor que sólo una madre tiene, me ofreció su entera comprensión.

Y a la gran pregunta: ¿En qué punto estoy de la terapia y cómo me encuentro? Mi estado ahora mismo es de serenidad completa e ilusión porque soy más dueño de mí. La AMS ha pasado a un segundo plano. Ya me estoy acercando al final de la terapia, (bueno eso creo) ahora queda ir asentando, y continuar en esta "rutina de comportamiento".

Por si alguien tenía dudas, tengo que decirle que esto funciona, es real.



elena@elenalorenzo.com
Si quieres conocer más sobre la AMS no deseada y la terapia de cambio visita: LoSé
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