El Papa Francisco se ha posicionado en el panorama internacional como una autoridad moral en la defensa de los migrantes. Con gestos de solidaridad y palabras comprometedoras, el Pontífice se ha convertido en el punto de referencia en las actuales crisis migratorias de Occidente.
 
1) Una voz en la comunidad internacional. En su reciente viaje a Estados Unidos, el Santo Padre aprovecho su discurso al Congreso norteamericano como un gran foro tanto local como internacional para defender a los migrantes, que fue seguido eficazmente por los medios.
Ante los legisladores de un país con una elevada tasa de inmigración, el Papa habló alto y claro, sobre la necesidad de “no dejarse intimidar por los números, más bien mirar al rostro de las personas, escuchar sus historias e intentar buscar una solución entre todos”.
 
2) “Emigrantes y refugiados nos interpelan”. Y esta misma semana, con motivo de Jornada Mundial del Emigrante y del Refugiado, el Pontífice presentó un inspirador mensaje, en el que pide a los católicos que acojan con nueva mentalidad a los migrantes.

El Papa expone ahí con urgencia, que “más que en tiempos pasados, hoy el Evangelio de la misericordia interpela las conciencias, impide que se habitúen al sufrimiento del otro e indica caminos de respuesta”.

El mensaje pide mirar a los inmigrantes más allá de su condición de regularidad o de irregularidad en un determinado país, sino como personas “que, tuteladas en su dignidad, pueden contribuir al bienestar y al progreso de todos”.
 
3) Opinión pública. El Papa explica que “es indispensable que la opinión pública sea informada de forma correcta, incluso para prevenir miedos injustificados y especulaciones a costa de los migrantes”.

Los migrantes de hoy no son las masas de bárbaros que invadieron –y en parte destruyeron– la Europa de los siglos IV y V, como parece sugerir el afamado escritor Arturo Pérez-Reverte (“Llegan los godos al imperio vencido”, 18 septiembre 2015).

Y es que el fenómeno migratorio no se limita a los africanos que atraviesan el mar Mediterráneo, sino que se extiende por todo el continente americano e incluye a los asiáticos que emigran hacia los países árabes. Los migrantes no son criminales, sino humanos que buscan salir de la miseria.
 
5) Liderazgo moral. Mussie Zerai, nominado este año al Premio Nobel de la paz y director de la Agencia Habeshia, mejor conocido como el “ángel de los refugiados”, afirma que en el tema de la migración el Papa es “un líder moral que sacude las conciencias” (News.va, 11 septiembre 2015).

Y hoy tanto gobernantes como ciudadanos debemos despertar del letargo de la indiferencia ante los crímenes cometidos contra los migrante, porque como dice Francisco, “nadie puede fingir de no sentirse interpelado por las nuevas formas de esclavitud gestionada por organizaciones criminales que venden y compran a hombres, mujeres y niños como trabajadores en la construcción, en la agricultura, en la pesca y en otros ámbitos del mercado”.

Y añade: “Cuántos menores son aún hoy obligados a alistarse en las milicias que los transforman en niños soldados. Cuántas personas son víctimas del tráfico de órganos, de la mendicidad forzada y de la explotación sexual.”
 
Francisco, con sus acciones concretas a favor de los migrantes, nos ha enseñado que ninguno nos podemos desentender de los que tienen que dejar su tierra para buscar una esperanza. De este modo, Francisco se ha convertido sus gestos –nacidos de su corazón profundamente identificado con Cristo– en la voz de los migrantes.

 
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