Con motivo del Día Mundial contra la trata de personas, Estados Unidos dio a conocer un informe qué refleja las acciones y omisiones de 188 países contra ese flagelo. ¿Qué ha hecho la Iglesia Católica contra esta nueva forma de esclavitud?

La Asamblea General de la ONU en 2013 instituyo el 30 de julio como el Día Mundial contra la Trata de Personas. En la resolución de la ONU se indica que es necesario establecer una jornada para concientizar sobre la situación de las víctimas del tráfico humano y para promocionar y proteger sus derechos. (La Gaceta, 30 julio 2015)

El pasado 27 de julio, el Departamento de Estado publicó su informe anual sobre tráfico de personas en el mundo, relativo a 2014, en el que analiza lo que han hecho 188 gobiernos de todo el mundo para combatir la trata de personas y otras formas de explotación en el trabajo.

Todos los países de América Latina recibieron recomendaciones por parte de ese informe. Sobre México, se destaca la incoherencia entre las cifras de víctimas proporcionadas por el gobierno federal y las cifras de los gobiernos estatales; sobre Colombia, se informa que “las organizaciones criminales obligan a colombianos vulnerables, incluidos desplazados, a la prostitución y a las actividades criminales, particularmente la venta y transporte de narcóticos e incluso para asesinatos”; y sobre Argentina, explica que “el gobierno ha informado en un reporte que la Policía fue cómplice en el 40% de los casos de trata sexual”.

El tráfico de personas es fenómeno tan complejo que requiere no sólo la intervención de los gobiernos, sino también de la sociedad civil y de las organizaciones religiosas. En el caso de la Iglesia Católica, el 2015 ha sido un año rico en eventos contra la trata.

El 8 febrero se organizó en la Iglesia una “Jornada de Oración y de Reflexión” contra la trata de personas, para poner fin a este “crimen contra la humanidad”, “derrota de la comunidad mundial”, como lo califica el Papa Francisco. Además, el mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2015, escrito por el Pontífice lleva como título “No esclavos, sino hermanos”. (Aleteia.org 30 julio 2015)

Pero el Santo Padre quiere que se tomen medidas prácticas. Y el pasado 22 de julio convocó en el Vaticano a alcaldes de 65 ciudades importantes del mundo, para pactar acciones contra el cambio climático y la trata de persona. (Rome reports, 22 julio 2015)

Los desgarradores testimonios de Karla Jacinto y Ana Laura Pérez abrieron este encuentro.  Karla, tras narrar una infancia infeliz, dominada por los abusos físicos y sexuales dentro de la propia familia, contó que “de los 12 a los 17 años tuve 42,000 relaciones sexuales”.

Ana Laura, de 23 años, contó su explotación laboral: fue obligada por cinco años a planchar por 20 horas e inclusive a dormir parada. “Soportaba el hambre, masticaba el plástico, no me daban de tomar, tenía que beber el agua con la que planchaba”, explicó Laura.

Conmovido el Papa Francisco, declaró que “la explotación física, económica, sexual y psicológica de hombres y mujeres, niños y niñas actualmente encadena a decenas de millones de personas a la inhumanidad y a la humillación”. (Aleteia.org, 30 julio 2015)
 
Es un hecho que el liderazgo moral de Francisco aumenta. Y el Papa tiene el acierto de convocar a las autoridades civiles para buscar juntos soluciones para combatir la trata y la explotación laboral. Es una gran lección: la fe no puede quedarse en un “silencio cómplice” ante los problemas humanos.

 
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